Hubo algunos días que mi hermana dormía con nuestro padre. Lo asocié, a que de pequeños dormíamos juntos, y que le costaba estar sola. Y como yo estaba en esa etapa de que no quería que nadie se me acercara, no venía conmigo. A veces quería verla, pero cuando mi hermana dormía en la habitación de mi padre, la sombra se colocaba frente a la puerta. Era todo un guardián. Una de las primeras noches que mi hermana dormía en la habitación de mi padre, decidí ver si todo estaba bien. La sombra estaba allí, parada observándome. Aunque no tuviera ojos, podía sentir que fijaba su atención en mí. Me acerqué a ella, pero cada paso que daba un paso se me hacía más difícil. Sentía como si el aire a mi alrededor se volviese intenso y pesado, una sensación similar a cuando uno despega de un avión, o sube a un ascensor sin estar acostumbrado...
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